Antes de escribir una sola línea de código, hablamos con docenas de mecánicos y dueños de taller en España. En cada conversación aparecían las mismas escenas: citas apuntadas en la libreta, en el móvil y en un post-it; trabajos que se entregaban sin cobrar porque nadie los apuntó; facturas hechas a mano a las once de la noche. Y ningún modo de saber si el mes había ido bien hasta revisarlo todo a mano. La conclusión se repetía siempre.
El problema nunca era la mecánica. Era la gestión.